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martes, 26 de abril de 2016

Día internacional de la Propiedad intelectual

Hoy, día internacional de la propiedad intelectual, os invito a reflexionar sobre la creación artística y a pensar acerca del lado que ocupáis en la sociedad ¿creadores o consumidores? Si sóis de los segundos, respetad al menos al que crea, ya sea pagándo un precio justo por su obra, no robandola ni plagiándola. Gracias.

jueves, 7 de noviembre de 2013

Pirateando


Al grito de “La cultura es de todos” y “¡¡¡Un mojón muy grande para las multinacionales discográficas!!!” he irrumpido esta misma mañana, al más puro estilo Sánchez Gordillo, en unos grandes almacenes del centro de Sevilla. Ya desde el primer momento me he convertido en el centro de todas las miradas, sobre todo las de los dos “seguratas” que rápidamente han enfilado sus pasos hacia mi posición, que se encontraba en la popular sección de música actual, en todo el medio del departamento de música. Con los bolsillos de la gabardina llenos de cedes y cinco discos de vinilo debajo de cada brazo, he conseguido esquivarlos durante unos segundos pero, justo cuando estaba apunto de escapar, cuatro guardas, como cuatro torres de castillo, me han bloqueado la salida. Por más que les he repetido el eslogan con el que iniciaba esta arriesgada misión, ése de que  “La cultura es ...”, me han hecho devolver todo y salir del establecimiento con poco menos que un “¡¡no se te ocurra volver más por aquí, so enteraillo!!.

Arruinada esta primera empresa, he pasado al segundo punto de la lista, el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo. Allí, por unos días, se expone el Guernica de Picasso. Tal vez sea por eso por lo que no me han dejado pasar las tijeras que llevaba en el bolsillo de atrás del pantalón, pero, bueno, aún me quedaban recursos. Me he dirigido directamente a la sala donde se exhibía tan magna obra y, cortaúñas en mano, me he acercado al inmenso lienzo, concretamente a la esquina inferior derecha y, una vez más al grito de “La cultura es de todos”, me he dispuesto a cortarle un trocito del tamaño de los típicos relicarios de santo pero ¡¡lástima!! justo cuando iba a proceder, una autentica patada voladora, de patente china (que en estos casos si que suele ser sinónimo de auténtica y verificada calidad extra), me ha bloqueado y desplazado a casi cinco metros de la obra de arte, concretamente, y para ser más exactos, fuera del recinto de la exposición.

No conforme con esta sucesión de fracasos, y sin perder el ánimo en ningún momento, de camino a casa he pasado por uno de esos quioscos donde la cultura está tan a mano que casi cuesta pagarla y, bueno, así lo he hecho, he cogido dos tomos de un coleccionable de nuevos autores del siglo XXI, una revista sobre punto de cruz y los tres últimos fascículos de “monta tu propio Ferrari a escala real”. Como andaba tan concentrado seleccionando bienes culturales, se me ha olvidado gritar el socorrido eslogan de “La cultura es ...” y tal vez haya sido por eso por lo que el dueño del puesto no se ha percatado de mi hazaña hasta pasados unos segundos, tiempo suficiente como para darme alcance y solicitarme de forma sutil, con la ayuda de un buen bastón de madera de manzano, que soltara todo lo que, según él, acababa de robarle.

Todo esto me ha hecho pensar sobre el tema y me da la impresión de que estoy un tanto equivocado al respecto. Tal vez haya gente que valore su trabajo artístico e incluso intente vivir de él y, por tanto, espere algún tipo de contraprestación a cambio del mismo y del trabajo que ha dedicado a su consecución. A lo mejor, adueñarme de lo que no me regalan es robar.