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domingo, 8 de junio de 2014

Republicando


 Si la bola de cristal que compré hace unos días en el chino no me falla, esto es lo que va a pasar dentro de unos minutos en el Paseo de la Castellana, de Madrid, durante el desfile de las Fuerzas Armadas. El, de momento, Rey Juan Carlos I preside el acto desde el palco, junto al que, en unos días, podría ser su sucesor. Ya han pasado delante suya camiones, aviones, carros de combate, barcos, soldadas, soldados, más aviones, helicópteros, la cabra de la legión y ahora solo falta que salte desde el Hércules, que sobrevuela desde hace un rato la avenida, el paracaidista con la bandera de España. ¡¡Ya lo ha hecho!! Pero ¡¡andando!! la que ha desplegado es la bandera tricolor, bestialmente grande. De repente se hace el silencio en la calle, las columnas militares se detienen de golpe, el Rey mira a todos los lados buscando al culpable de tal ultraje, mientras que el príncipe se hace con el micrófono, guiñándole el ojo al técnico de sonido, que pincha a todo volumen “¿Cómo pudiste hacerme esto a mí?” de Alaska y Dinarama. Leticia empieza a moverse al ritmo de la música, como una posesa, sin soltar de la mano a las pequeñas Leonor y Sofía que saltan como locas. El público empieza a bailar y a cantar a coro la canción, hasta que el paracaidista toma tierra justo delante de Felipe, que agarrando una de las esquinas de la inmensa enseña republicana caída del cielo, se dirige a la nación al más puro estilo Flores: “¡¡Si me queréis, votadme!! Nos vemos en el referéndum, españoles”.

miércoles, 13 de marzo de 2013

Utopía ¿o no?

La crisis sigue ahí pero ¿se mantendrá hasta el punto de que el desfase entre pobres y ricos sea brutal, hasta que perdamos todos esos derechos sociales y laborales que tanto les costó conseguir a las generaciones precedentes o hasta que esta sociedad, que un día conocimos como amable y generosa, se enrancie y predomine en ella la envidia, con el odio anexo que conlleva?
Hace ya mucho tiempo que picamos y nos dejamos seducir por los encantos del capitalismo. Nos pusimos la venda en los ojos y, a estas alturas y tal y como están las cosas ultimamente, no terminamos de darnos cuenta de que para disfrutar de este sucedáneo de estado del bienestar muchos seres vivos (incluidos nosotros, los humanos) tienen que pasarlo mal, sufriendo un estado real de miseria y malestar. Este sistema es más ruín aún, si cabe, porque establece, también y dentro de la mismísima sociedad del "primer mundo", un sistema de castas velado, basado en la segregación de los "perdedores" frente a los "triunfadores".
No, no soy socialista ni comunista, soy reparticionista*. Para mi, la solución es muy simple, aunque al mismo tiempo utópica y, aunque me cueste admitirlo, dificilmente abarcable al estar ésta basada en la generosidad, la responsabilidad, el respeto y el esfuerzo/trabajo de todos. La idea básica de lo que podría llamarse reparticionismo* se sustenta en una realidad: la Tierra es tan grande, y rica, que todos los que la habitamos podríamos disfrutar, en igualdad de condiciones, de una vivienda unifamiliar con su propio huerto (por poner un ejemplo) dejando el resto de la superficie terrestre para el disfrute común y libre. Cada familia de la Tierra tendría lo necesario para vivir comodamente y cada habitante del planeta contribuiría, con su trabajo, al mantenimiento de este sistema social en el que se valoraría el esfuerzo de cada uno, en función de sus capacidades (físicas y mentales), considerando necesarias, imprescindibles y al mismo nivel de importancia todas las profesiones. A lo mejor no es tanta la utopía ¿tu qué crees?

(*) no busquéis este término en los buscadores porque me lo acabo de inventar.